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Beatríz González

    Beatríz González

    Bucaramanga, Colombia. 1932.

    Realizó sus estudios en la Universidad de los Andes donde conoció a Juan Antonio Roda y a la crítica de arte Marta Traba. Como artista le ha dado un giro al arte de dicho país, proponiendo otras miradas desde los lenguajes artísticos como el dibujo, la pintura, el grabado y la serigrafía y, además, ha contribuido a gran parte de la historia del arte en Colombia debido a sus investigaciones que presentó siendo curadora del Museo Nacional, sacando a la luz la historia de la caricatura en Colombia y no sólo eso sino, también proponiendo nuevas lecturas a lo que fue la Expedición botánica y la Comisión Corográfica, eventos muy importantes para el arte colombiano entre los siglos XVIII – XIX.

    Realizó su primera exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Bogotá y a partir de allí ha expuesto individual y colectivamente en diversos países como Colombia, España, Venezuela, Estados Unidos y Brasil. González ha generado por medio de sus obras, reflexiones en torno al dolor que ha estado presente en Colombia por varios años, asunto que para ella es muy importante detenerse a mirar desde el arte, pues éste tiene la capacidad de contar lo que la historia no puede haciendo perdurable un evento trágico por medio de una pintura meditativa y serena que escenifica de alguna manera un duelo.

    Una de sus primeras obras y más importante fue “Los suicidas del Sisga”, obra con la cual gana el premio en el XVII Salón Nacional. En 1965, Beatriz se encuentra en la prensa una foto que una pareja se tomó antes de arrojarse al agua en la laguna del Sisga, con ella reflexiona sobre la realidad del país y decide pintarla con colores muy planos y sin volumen. Aunque formalmente es similar al PopArt en los Estados Unidos, Beatriz plantea otra mirada en Colombia de este movimiento, planteando su interés más que en la imagen comercial, en la cultura popular, convirtiéndose así en la precursora del Arte Pop en el país.

    Continúa apropiándose de imágenes de la crónica roja, de láminas decorativas y religiosas populares y avisos de prensa hasta finales de los años sesenta y a partir de 1985 con la tragedia del Palacio de Justicia, decide dedicar su obra a reflexionar sobre la realidad nacional, haciéndose más consciente de la violencia y muerte que han determinado toda la historia del país.

    Parte de su obra se puede encontrar en espacios públicos como en el Cementerio Central de Bogotá con su intervención a los columnarios como homenaje a las víctimas anónimas del conflicto armado en Colombia.

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    “Zulia, Zulia, Zulia”

    Serigrafía sobre papel, 53 x 200 cm, Ed. 45/50, 2016

    El Dorado

    Serigrafía sobre tela, 118 x 68 cm, P/A
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